Hace más de cinco años que la ex posta del Hospital San Juan de Dios dejó de funcionar. En ella sólo queda parte de la documentación de pacientes y ciertos elementos hospitalarios inservibles. Pero este lugar es más que piezas con cachureos. Algo se esconde entre ellas. ¿Fantasmas, espíritus o simple imaginación de aburridos? En el siguiente reportaje, descubriremos de qué se trata.
Eran eso de las 13 horas cuando, con un poco de nerviosismo, llego a la ex posta 3 del Hospital San Juan de Dios (SJD). Hacía aproximadamente 15 minutos que “Las Damas de Rojo” y una simpática guardia de la posta nueva me contaron que ahí rondan los espíritus por doquier. Margarita, la guardia, ha sido testigo clave del hecho: “A mi me penaron una vez. Fui a ser guardia y en el lugar donde almorzábamos sentí llorar a una guagua. Salí a mirar afuera ¡y no había nada ni nadie! Yo creo que es porque allá llegaba de todo. Otra cosa que sé por mis compañeros es que bajaba un niñito con una pelota desde el segundo piso”. Pero eso no es todo, según Margarita, a otro guardia que cuidaba el recinto le cerraron las puertas de la entrada y luego el portón. Cuando logró entrar revisó por completo el segundo piso y adivinen. Nadie estaba ahí.
DENTRO DE LA POSTA
La antigua Unidad de Emergencia del SJD se encuentra ubicada en Chacabuco
La bienvenida me la da Don Joaquín Ibáñez (guardia) y Richard Álvarez, éste último, estudiante de enfermería. Sin ningún problema me permiten la entrada al recinto y me brindan un tour por todas sus secciones.
Richard lleva un año y medio trabajando en la posta como abastecedor de vacunas. Asegura que no ha sido fácil y que lo encuentra “heavy”. “Yo llevo poco tiempo, pero he visto cosas. Hay veces que el ascensor sube y baja solo. Otras personas que trabajaban antes que yo aquí han visto a gente pasar. La mayoría de la gente que han venido acá ven a un niño precioso bajando la escalera con una pelota verde…yo nunca lo he visto, sólo he escuchado sus botes”.
Mientras paseamos por la posta, el ambiente cada vez se hacía más tétrico y el clima helado. No sé si fue por la predisposición con la que fui o porque de verdad el lugar estaba "cargado". A medida en que Richard me indicaba qué se hacía en cada sala del edificio de dos pisos, se sentían ruidos extraños y constante bulla. Sobre todo cuando me explica que él no cree en fantasmas, que es más bien escéptico de que penan en la posta. PAF! Se siente un ruido fuerte, como de algo que se cae. Nos quedamos callados y reímos nerviosos. Richard sigue con su discurso y cree que son espíritus inofencivos que rondan por el lugar.
Bajamos al subterráneo. No hay luz y la escalera es estrecha. Al entrar se encuentra la sala de las vacunas y es ahí mismo donde le pasó algo extraño. El lugar es frío y oscuro. "Un día que estaba trabajando en las vacunas escuché que se reían y conversaban afuera de la puerta. Pensé que venían a buscar algún pedido. Salí de la pieza y no había nadie. Subí a preguntarle al guardia, pero me dijo que nadie había entrado. Son cosas que pasan no más poh. Tambíén siento que a veces alguien está conmigo, así como una vibra, como un calorcito ¿cachay?, pero me hago el loco, trato de no pensar en eso o a veces cuando es mucha la cuestión llamo a algún guardia para que esté acompañandome".
Las otras salas del subterráneo tienen una luz tenue. La mayoría de éstas consta con lavaderos. Una en particular está llena de figuras religiosas. Pero la más intrigante es una que está completamente cerrada. Luego de un rato llegan dos estudiantes que constantemente visitan la posta. Les gusta el miedo, les gusta sentir sensaciones raras. Karina, una de ellas, me cuenta que con una amiga fueron a sacar fotos y cuando las vieron, salía un señor muy viejo con barba mirándolas. Mientras me cuenta del acierto fotográfico, una de las ventanas del subterráneo se cierra estrepitosamente. Nuestros gritos llenan la sala y subimos las escaleras a 1000 por hora.
Sigo mi ruta con Richard. Me muestra las salas. Todas ellas están llenas con elementos, hay catres de fierro, equipos, miles de computadores en desuso, camas y sillas arrumadas. Las paredes blancas, tienen manchas amarillas y hongos. Para que decir los lavamanos, su aspecto es asqueroso, llenos de óxido. Las que más impactan son las salas de reanimación. Al entrar en ellas te sumerges en un silencio increible que te llega a poner nervioso y prefieres salir rápidamente de ellos. El lugar entero tiene un aire denso, causa escalofríos. Sólo algunos rayos de sol hacen que el lugar sea un poco más ameno. El negro piso está sucio. La mayoría de los pasillos son oscuros y mucho más fríos que el resto de las habitaciones. Hay piezas donde se guardan los archivos de los pacientes, (desde el año 60 hasta el 2003) que están botados y descuidados. En gran parte de ellos se logra leer "fallecido". Las salas de operaciones cerradas dejan entrever guantes sucios y delantales verdes. La posta es digna de locación de película de terror. Cada esquina, cada sala y pasillo me recuerdan a escenas de "El juego del miedo".
Bajamos por el ascensor viejo y llegamos nuevamente al hall. Miramos al segundo piso y Richard me recopila historias. "Como te dije, yo no soy muy creyente, pero trabajadores me han dicho que han visto a un médico subiendo y bajando las escaleras. A una monja en la entrada de la posta, hasta a enfermeras rondeando. Y bueno, el conocido niño con la pelota. ¡Ahhh! se me olvidaba. Cuando recién comencé a trabajar aquí, vi a dos viejitos en esa parte de arriba. Tenían como esa cara de gente que toma trago. Me miraban, yo dije ya poh, estarán aquí no más y no le tomé importancia. Los vi como una semana más...pensé que eran conocidos de los guardias, que sé yo. Siempre estaban en el segundo piso. Hasta que me acordé y le pregunté a un cuidador que qué onda ellos. Me dijo, que aquí no entraba nadie más que nosotros, y quedé pa' adentro. De ahí que nunca más los vi. Después me enteré que aquí estaba alcoholicos anónimos".
Salimos del establecimiento y le pregunto a Richard y a Don Joaquín el porqué de los espíritus. "Es que como acá murió mucha gente quizá se quedó aquí, el porqué, no lo sé, pero de que hay cosas extrañas, las hay. Imagínate que hasta el programa nuevo del Mega ("Ellos", estelar dedicado a asustar famosos) vino a grabar aquí por todo lo que dicen" dice Richard. Por otro lado, su compañero Joaquín exclama: "Es que también aquí mataron a mucha gente en el 73'. Venían los camiones de los milicos y llevaban a los detenidos al subterráneo y los mataban a balazos. Después los dejaban en la morgue y los pasaban a buscar el otro día. El 11 de septiembre pasado hubo mucha bulla acá, no se podía estar adentro, era increible. Se escuchaban risas, conversaciones, llanto, ¡de todo!". Al preguntarle que hace cuando siente los constantes bullicios o presencia de "terceros", Don Joaquín sentencia con un "Yo comienzo a rezar, sólo rezo, señorita".









